
Septiembre es sinónimo de volver.
Vuelven las clases, los horarios de trabajo, las actividades, los despertadores y esas mañanas en las que parece que todo tiene que estar preparado antes de salir de casa.
Durante el verano es normal acostarse más tarde, levantarse a otras horas y relajarse un poco con las rutinas. El problema llega cuando queremos pasar de ese ritmo veraniego al horario habitual prácticamente de un día para otro.
Y ahí hay algo que a veces dejamos para el final de la lista: el descanso.
Preparar la mochila, dejar lista la ropa o poner el despertador es importante, pero dormir bien también forma parte de estar preparado para el día siguiente.
Después del verano, nuestro horario también necesita adaptarse
No siempre resulta fácil volver a acostarnos pronto después de semanas con horarios diferentes.
Por eso, en lugar de intentar cambiar todo de golpe, suele ser más llevadero recuperar la rutina poco a poco.
Adelantar progresivamente la hora de acostarse, cenar algo antes y empezar a bajar el ritmo durante la última parte del día puede hacer que la transición sea mucho más natural.
Y esto no solo afecta a los niños.

Los adultos también podemos notar esa vuelta a la rutina: cuesta madrugar, nos sentimos más cansados por la mañana o llegamos a la noche con la sensación de no haber recuperado todavía nuestro horario habitual.
Una buena noche empieza antes de meternos en la cama
Dormir bien no depende solamente del momento en el que apagamos la luz.
Todo lo que hacemos durante las últimas horas del día puede influir en cómo llegamos a la cama.
Una habitación tranquila, una iluminación agradable y una rutina relajada ayudan a indicar que el día está terminando.
También es buena idea intentar reducir el uso de móviles, tabletas y otros dispositivos justo antes de acostarse. En su lugar podemos reservar esos últimos minutos para leer, hablar tranquilamente o simplemente preparar las cosas del día siguiente.

Son pequeños gestos, pero repetidos cada noche terminan convirtiéndose en una rutina.
El dormitorio también importa
A veces pensamos mucho en los horarios y olvidamos algo mucho más básico: el lugar donde dormimos.
El dormitorio debería transmitir sensación de tranquilidad y permitirnos descansar cómodamente.
Conviene mantenerlo ventilado, evitar temperaturas excesivas y utilizar ropa de cama adecuada para la época del año.
Y, por supuesto, también debemos prestar atención al colchón y a la almohada.

Un colchón que lleva muchos años utilizándose, presenta hundimientos o simplemente ha dejado de resultar cómodo puede hacer que el descanso no sea tan reparador como debería.
Lo mismo ocurre con una almohada que ya no ofrece un apoyo adecuado.
No existe un colchón perfecto para todo el mundo. La firmeza, los materiales, la postura habitual al dormir y las preferencias personales influyen mucho en la elección.
Por eso siempre recomendamos probar diferentes sensaciones antes de decidir.
Dormir bien también forma parte de estar preparado
Cuando empieza el curso solemos hacer una pequeña lista mental:

Ese último punto merece estar tan presente como los demás.
Porque descansar correctamente puede ayudarnos a afrontar la mañana con más energía y a llevar mucho mejor esos primeros días de vuelta a la rutina.
Septiembre puede ser un buen momento para revisar nuestro descanso
No hace falta esperar a dormir mal para prestar atención al equipo de descanso.
La vuelta a la rutina puede ser un buen momento para preguntarnos algo muy sencillo:
¿Sigo descansando bien en mi colchón?
Si últimamente te levantas incómodo, notas que el colchón ha perdido firmeza, aparecen hundimientos o simplemente ya no encuentras la misma sensación de confort que antes, quizá haya llegado el momento de revisarlo.
En Planeta Colchón podemos ayudarte a comparar diferentes tipos de colchones y encontrar el que mejor se adapte a tu forma de dormir.
Puedes visitarnos en nuestra tienda de Tarancón y probarlos tranquilamente.
Porque preparar bien el día siguiente empieza, muchas veces, unas horas antes.


